27 de mayo de 2008

Tierras Prometidas: Gibellina, Nueva York...

Advertencia: voy añadiendo textos hacia abajo en la misma entrada.


La verdad es que casi no tengo ganas de escribir. Llego a casa pensando en que quizá luego me ponga a trabajar algo, me ducho y me siento en el cuarto desperdigando las antiguas revistas, buscando aquella en la que se relata la historia de Gibellina. Una ciudad futurista que se construyó en Sicilia tras el terremoto del 68. Una ciudad semidestruida y abandonada, como naves de cemento y teoría. En medio de cultivos y campos, una estructura radial que parece imaginada por Chirico duerme sobre el árido suelo, bajo el cruel sol. La Chiesa Madre, basada en el proyecto de cenotafio para Isaac Newton por Étienne-Louis Boullée. Lo busco en el youtube. Aparece un tipo insoportable corriendo por el laberinto mientras se enfoca con la cámara, pero la canción me gusta. El Teatro Popular de Sciacca, como una mole de figuras geométricas y desnudas, brutales. Hay otro un poco mejor: las imágenes tiemblan y se oye el eco, pero el autor tiene un voz tremendamente irritante. Lo veo de nuevo sin sonido. Utopías retrofuturistas. Naves espaciales, cuerpos celestes de hormigón. Hoy el enfermero me decía que qué manía de ver el mundo nos ha entrado. Conos truncados tirados como juguetes de niños locos en la tierra de dédalo tras creta. Hepatitis a, hepatitis b, fiebre tifoidea, meningitis, tétanos. Colosos muertos, pieles de insecto vacías. También hay un chico subiendo a un banco de metal blanco con un monopatín.


Éste lo veo varias veces.

Otro martes.






Anexo 1. De la periferia al ombligo de mundo
Es la escena de inicio de Working Girl, Armas de Mujer. El tema fue creado especialmente para esta película, por Carly Simon, y creo que se llevó lo suyo en los Óscar. Un tema que habla de una nación nueva, una nueva Jerusalén creada por las manos de sus hijos, la jungla de asfalto, mientras el ferry llega a Manhattan repleto de trabajadores tal como los primeros barcos llegaron a colonizar la tierra prometida, ambiciosos e inspirados. Hermandad y euforia, a lo Walt Whitman.
Mi escena favorita de la película: la amiga de Melanie Griffith (Cenicienta ochentera) le pide que deje que fingir que es una alta ejecutiva aludiendo a Into the groove:

- Sabes, a veces, yo por la noche en casa, bailo desnuda en ropa interior, pero eso no me convierte en Madonna, y nunca lo seré.

Temas presentes:
Pasividad vs Proactividad
Oportunidad de trabajo como realización humana vs degradación
Hermandad vs patriarcado
Cenicienta vs yuppie/ Clase trabajadora baja vs clase trabajadora alta
Lección: el agente del conflicto es el agente capaz del cambio




Anexo 2
El Mayflower fue el primer barco de peregrinos que arribó en América. Tras levar anclas dos veces por culpa de la tormenta llegaron a Massachussets. Llamaron a esta tierra Plymouth, como la tierra que acababan de dejar. Su propio puritanismo fue alimentado
por la extrañeza de inmensos bosques impenetrables, y en su mente maniqueísta creó brujerías y demonios para completar su sistema de contrarios. Esta obsesión por la búsqueda de la pureza les llevó a la paranoia religiosa: todo hombre nace en pecado y es su deber examinarse severamente para mantenerlo bajo control. Nathaniel Hawthorne nació unos dos siglos después en esta comunidad y escribió la conocida Letra Escarlata, entre otros. Pero el relato que me viene a la cabeza cuando veo esas imágenes iniciales de Armas de Mujer es El Joven Goodman Brown, con sus nombres alegóricos y su ambiente alucinatorio. En el relato Goodman Brown recorre el bosque y la oscuridad para darse de morros con el Diablo, y el texto se basa en una conversión sobre la que e
xisten dudas de que sea cierta. Finalmente su esposa, Faith, le despierta al mundo que le rodea. Es un poco rígido en su simbolismo, pero un Rip van Winkle más entretenido y oscuro que explora los aspectos sociales del pecado.
Los procesos psicológicos que nos invaden cuando colonizamos, cuando emigramos o somos exiliados, son similares desde el principio de los tiempos. Las opciones extremas son llevarte tu país/identidad contigo, como los puritanos, o integrarte y disolverte por completo. Dada la Historia, no parece posible ninguna de
ellas. Pero algunas personas escriben compulsivamente, como la Tamina de Kundera en El Libro de la Risa y el Olvido, para “rellenar el débil marco de sucesos en una nueva libreta, darle muros, convertirlo en una casa en la que vivir”. Escribir permite un territorio, uno que puedes regular y habitar en lugar de sentirte desplazado. Lo viví por un tiempo en Finlandia, cuando entré en una tienda de segunda mano y pregunté por una vieja máquina de escribir. La tienda era enorme y había muebles, libros y viejos objetos de adorno. El tendero me dio un precio muy bajo, hablaba muy mal inglés y llevaba una gorra de leñador sobre un sucio pelo blanco. Regateamos, pero yo vi que lo absurdo de la diferencia le divertía. Me la llevé en la mano, sin funda, y cuando cerré la puerta tras de mí y sonaron unas campanillas oí que me decía “que Dios te bendiga”.
Que Dios te bendiga.
Algo que echo en falta en la literatura española actual es esa postura de escribir desde un espacio intermedio. En una intersección que permite superposición y desplazamiento de elementos de diferencia, en la que se vive habitando dos mundos, en la que el terreno es movedizo. España aún es España, y a lo máximo que llegamos es a empaparnos de globalización, de referencias cruzadas. Esp
ero llegar a ver una literatura de inmigrantes españoles, algún día. Escritores que pertenecerán a ambos mundos con la maldición de no pertenecer a ninguno. Porque esas zonas marginales desplazan el centro de una nación, de una cultura dominante, y al final es la periferia la que reescribe la historia y la ficción de la ciudad. Como la desgraciada Melanie Griffith consigue desbancar a la dominante Sigourney Weaver, subiendo por la desenfrenada escalera de una multinacional neoyorquina.

Anexo 3. Babylon vs. Jerusalén

Salmos 137

1. Junto a los ríos de Babilonia,/ Allí nos sentábamos, y aun llorábamos,/ Acordándonos de Sion.
2. Sobre los sauces en medio de ella/ Colgamos nuestras arpas.
3. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos,/ Y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo:/ Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.
4. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová/ En tierra de extraños?
5. Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,/ Pierda mi diestra su destreza.
6. Mi lengua se pegue a mi paladar,/ Si de ti no me acordare;/ Si no enalteciere a Jerusalén/ Como preferente asunto de mi alegría.
7. Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén,/ Cuando decían: Arrasadla, arrasadla / Hasta los cimientos.
8. Hija de Babilonia la desolada,/ Bienaventurado el que te diere el pago/ De lo que tú nos hiciste.
9. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños/ Contra la peña.

Keith Battarbee, en su curso, nos recomendó leer Recordando Babilonia, de David Malouf, una novela sobre la brutal colonización de Australia por parte de los europeos. Hizo un dibujito con tiza en la pizarra: los barcos llegaban a la costa Este, y se tardaron siglos en llegar a la parte Oeste porque se debía atravesar el desierto. Como de costumbre, ese libro lo saqué de la biblioteca del departamento. Luego lo devolví, a diferencia de otros ejemplares que aún conservo (como Beautiful Losers), y lo compré.
Como en el caso de los puritanos en Estados Unidos, colonizadores y aborígenes se enfrentan a la otredad y lo incomprensible. Malouf usa una prosa etérea, casi líquida. El título se refiere al salmo 137, cuando los esclavos de Babilonia lamentan haber perdido Sion, su tierra natal, y el texto analiza los procesos del exilio, personificado por un chico que no pertenece a ninguno de los dos grupos sociales.

No recuerdo muy bien los detalles (este libro debe estar en casa de mis padres), pero sí recuerdo una escena particularmente bella: la epifanía de una niña blanca en medio de una imaginaría de sol y abejas atraídas por el olor de su primera menstruación, un ser sacramente protegido por su nueva conexión con la tierra.

Anexo 4. El paleto y la ciudad.



Flight of the conchords es una serie fascinante. No sigue una línea argumental, pero éste es el escenario: dos amigos y compañeros de piso que conforman una banda. Son neozelandeses, malos músicos, y están representados por Murray, un delegado de la Embajada de Nueva Zelanda en Nueva York. Murray es un gilipollas y un perdedor absoluto que malgasta su dinero en el grupo.
Tiene un tipo de humor que retoma la tradición del vodevil de caricaturizar los modos y acentos del inmigrante (como Primos lejanos o Aliens in America), es absurdo y tontín en superficie, pero cada capítulo tiene un discurso conceptual. La narrativa es muy básica a fin de que brillen los temas que se incluyen, y que parodian un estilo musical (new age, hip hop, latino, swing, musical) y a veces temas concretos, como Space Oddity o la banda sonora de Flashdance, abarcando un gran espectro.
El guión ridiculiza a unos emigrantes de un país lo suficientemente desconocido, Nueva Zelanda, a fin de reírse de una figura: el paleto.
Decíamos que la inmigración es una disrupción que afecta a la identidad y al lenguaje. Tus camisetas de animalitos no casan con la gran ciudad. Pero al mismo tiempo esas corrientes migratorias que han tenido lugar desde los antiguos países colonizados a occidente, han forzado a estos a repensar su conciencia nacional. Ese cuestionamiento plantea el cambio.
Ese fenómeno de traducir referencias musicales, de imitarlas, esa hibridez, es el resultado de una emigración que busca asimilar la identidad a la que llega pero también afectarla. Exponer la identidad "paleta" y mezclarla con lo establecido por el imaginario supone transformación y trangresión, tal como su manera de pronunciar las "es" por "íes" reforma los modos de pronunciación del país.
Como La Hora Chanante o Muchachada Nui, que superpone vocablos albaceteños al habla de personajes populares como Tita Cervera, supone construir un discurso alternativo al dominante a través de la apropiación y reescritura de la cultura establecida.
No todo va a ser Londres o Madrid.

16 comentarios:

diego u. dijo...

en el post del chiste sobre la rubia que se tiñe de morena, llegué a una especie de solución no cómica, o eso me pareció. Estaba convencido de que tenía que ser Mulholland Drive, aunque no tenía nada de gracia, y luego, cuando descubrí que era IA, dije, claro, eso tiene mucho más sentido, y más gracia. Pero me parece que la dicotomía entre la Cenicienta Ochentena y la teniente Ripley en Armas de Mujer mantiene un cierto paralelismo con la cándida aspirante a actriz, y la amnésica latina (y/o estrella de cine) de Mulholland Drive, salvando las distancias. Además está el delirante peinado de Melanie, como que pide un cambio, el que sea.

Clifor dijo...

Tienes razón. Mientas los movimientos migratorios al extranjero suelen conllevar un agrupamiento de iguales, los movimientos interiores, y esos son los que se dan en España de forma mayoritaria, no hacen otra cosa sino aglutinarse en torno a una idea de progreso. Capitalidad. Cosmopolitismo falso. En realidad, todo pueblerino que viaja a Madrid sigue siendo un provinciano pero tiene que negarlo, disfrzarlo, desvestirlo. Por eso en literatura acabamos en lo tangencial, en las referencias cruzadas porque la vergüenza ha podido con nosotros. Porque no somos capaces de decir, eh! yo soy leonés y traigo las gallinas debajo del brazo. Hemos aprendido a cruzar el Atlántico y a escribir referencias de ambos lados, pero aún no hemos sido capaces de cruzar el Duero o el Tajo y manetener una base en nuestra obra que eleve de dónde venimos en lugar de a dónde queremos llegar.

No sé si me explico. Pero lo que estoy diciendo no es otra cosa que el sentimiento de inferioridad tan típico en el sur de Europa para con el centro/norte. Del pueblo para con la ciudad...

Besos.

eme dijo...

Diego, tiene mucho sentido tu alternativa al chiste, la verdad. Esa peli iba de una morena loca que se imagina cosas como que consigue un papel, ¿no?, que en realidad ha conseguido la rubia, de la que está además está enamorada... y luego la rubia como tiene amnesia sólo tiene la versión distorsionada de la morena.
Una peli my interesante, pero, ¿cuál era el peinado de Melanie?, me sale de todo en el google, y el youtube no te digo.

eme dijo...

Clifor, llevas razón en lo que dices. Un día, los hijos de inmigrantes escribirán sobre el extrañamiento de ser de otra cultura pero también españoles, como hacen los personajes de Rushdie o de Zadie Smith. Entonces nos anclaremos más en nuestros rasgos de identidad, como hacen Muchachada Nui o The Flight of the Conchords. Es un reto complicado, siempre es más fácil sentir un extrañamiento, una distancia ante lo que escribes.
Por otro lado es bastante gracioso que todos estos que somos llamados "periféricos" escribamos sobre Houston, los astronautas, música británica y road movies.

diego u. dijo...

me refería al peinado de Melanie Griffith en Armas de Mujer, por lo de teñirse de morena, y que los 80 fueron acojonantes en esas cosas.

un saludo

eme dijo...

ahhhh, pero eso es parte de la peli, que empiece de barriobajera chunga como su amiga y se afine, a lo operación triunfo, como determina el sueño americano.
luego hay una escena muy chula de melanie en el carísimo probador de la weaver. esta está ausente y mel se va con su amiga a pillarle prestado un vestido para salir con harrison ford, un alto ejecutivo medioliado con la weaver.
cogen un elegante modelo de vestido-negro-corto, austero y de no sé qué famoso diseñador, y la amiga le dice:
bueno, no está mal, le faltan cositas brillantes, o, ehhh, no sé, tía, como algo colgando, ¿no?

Humanoide dijo...

La gran américa... qué farsa.

Christian Supiot dijo...

Gracias mercedes... ha llegado la plaquette a tus manos?

eme dijo...

no, no todavía, christian... ¿la mandas tú o la manda señor-sin-corbata?

raúl Q dijo...

ya está casi listo lo de parís, texas. he escrito un poema sobre el personaje de la kinsky. a ver si consigo hacerte llegar todo el material que se genere.

eme dijo...

gracias, raúl.

Anónimo dijo...

Sobre el salmo 137 recuerdo un poema:

Hemos puesto la alegría de la ciudad
por encima de una Jerusalén que no existe.
Aunque de vez en cuando la lengua
se nos pega al paladar
y olvidamos la mano que escribe;
sin embargo son dulces los baños
en los ríos de Babilonia
y hemos aprendido melodías extranjeras.

De los árboles de Central Park
cuelgan las viejas cítaras, sí,
ahorcadas.

Clarence

eme dijo...

hola, clarence, es un honor como siempre tenerte por aquí. recuerdo levemente ese poema, sí, dentro de una pequeña antología veraniega. buen truco de sincronía, de la que yo he sido inconsciente.

un abrazo

eme dijo...

By the rivers dark, Leonard Cohen:

Por la oscuridad de los ríos
estuve vagando.
Viví mi vida
en Babilonia.

Y me olvidé
de mi santa canción:
y no tenía fuerzas
en Babilonia.

Por la oscuridad de los ríos
donde no podía ver
quién estaba esperando allí
quién estaba persiguiéndome.

Y él cortó mi labio
y él cortó mi corazón.
así que no podía beber
de la oscuridad del río.

Y él me cubrió,
y yo vi dentro de,
mi corazón sin ley
y mi anillo nupcial.

No supe
y no podía ver
quién estaba esperando allí
quién estaba persiguiéndome.

Por la oscuridad de los ríos
sentí pánico,
pertenecí por fin
a Babilonia.

Entonces él golpeó mi corazón
con una fuerza mortal,
y dijo, ‘Este corazón:
No es tuyo.’

Y él le dio al viento
mi anillo nupcial;
y nos rodeó
con todo.

Por la oscuridad de los ríos,
en una alba herida,
vivo mi vida
en Babilonia.

Aunque tomé mi canción
de una rama marchita,
ambos: canción y árbol
cantan para él.

La verdad no ha sido dicha
y la bendición se ha perdido,
si olvido
mi Babilonia.

anneta dijo...

hola, me encantaría saber si encontraste la revista que hablaba de Giebllina y si puede ser, qué revista es. Hago la tesis sobre esa ciudad y querría asegurarme de que es una de las que yo tengo...
muchas gracias

eme dijo...

Citizen K, anneta, un saludo.

 
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