Advertencia: voy añadiendo textos hacia abajo en la misma entrada.
La verdad es que casi no tengo ganas de escribir. Llego a casa pensando en que quizá luego me ponga a trabajar algo, me ducho y me siento en el cuarto desperdigando las antiguas revistas, buscando aquella en la que se relata la historia de Gibellina. Una ciudad futurista que se construyó en Sicilia tras el terremoto del 68. Una ciudad semidestruida y abandonada, como naves de cemento y teoría. En medio de cultivos y campos, una estructura radial que parece imaginada por Chirico duerme sobre el árido suelo, bajo el cruel sol. La Chiesa Madre, basada en el proyecto de cenotafio para Isaac Newton por Étienne-Louis Boullée. Lo busco en el youtube. Aparece un tipo insoportable corriendo por el laberinto mientras se enfoca con la cámara, pero la canción me gusta. El Teatro Popular de Sciacca, como una mole de figuras geométricas y desnudas, brutales. Hay otro un poco mejor: las imágenes tiemblan y se oye el eco, pero el autor tiene un voz tremendamente irritante. Lo veo de nuevo sin sonido. Utopías retrofuturistas. Naves espaciales, cuerpos celestes de hormigón. Hoy el enfermero me decía que qué manía de ver el mundo nos ha entrado. Conos truncados tirados como juguetes de niños locos en la tierra de dédalo tras creta. Hepatitis a, hepatitis b, fiebre tifoidea, meningitis, tétanos. Colosos muertos, pieles de insecto vacías. También hay un chico subiendo a un banco de metal blanco con un monopatín.
27 de mayo de 2008
Tierras Prometidas: Gibellina, Nueva York...
21 de mayo de 2008
Muñoz Molina, Easton Ellis, Aldo Nove


El astronauta Charles Duke tomó esta foto de una foto familiar sobre la superficie de la Luna en su viaje con el Apolo. La polaroid, envuelta en una funda de plástico, fue realizada por Loudy Benjamin y parece que manuscrito en el reverso está "This is the family of Astronaut Duke from Planet Earth. Landed on the Moon, April 1972."
Debajo firmaron su mujer e hijos.Suponemos que sigue allí.

Anexo 2. Arte Galáctico
"¿Quién su artista favorito?
-Claude Monet"
Entrevista a Alan Bean por Ulrich Lotzman y Guillermo Calvo, "El Artista Galáctico" TF, Astros y Artistas, año 2006, Número 8, Madrid. M-47328-2006.

Y en el punto de la novela en que ves que está estancado (porque es que te cuenta que está estancado) Bret se aprovecha de la presunción de realidad que ha creado con este rollo autobiográfico: en una fiesta de Halloween aparece Patrick Bateman, el protagonista de American Psycho, figura fundamental en la Literatura fin de siglo. No se debe hacer eso, pero Bret dice: ése es mi problema, lo reconozco, te lo estoy contando. Es que no puedo hacer nada porque el peso del fantasma de Bateman me persigue.
"Ya no le gustaba el escritor porque intentaba seguir un esquema. Seguía un plan. Evaluaba las condiciones climáticas, predecía los acontecimientos. Quería respuestas, necesitaba claridad. Tenía que controlar el mundo.
El escritor anhelaba el caos, el misterio, la muerte, tales eran sus aspiraciones. El impulso al que tendía. El escritor quería explosiones de bombas. El escritor quería una derrota olímpica. El escritor ansiaba el mito y la leyenda y la causalidady las llamas. El escritor quería que Patrick Bateman regresara a nuestras vidas. El escritor confiaba en que el horror de todo ello me electrizara."
(pag 265)
Desprotegido como autor, Easton Ellis acelera la espiral: adolescentes de la edad de su hijo comienzan a desaparecer y muñecos anunciados en televisión cobran vida.
Como en el libro de Muñoz Molina, el hijo se separa del padre. La era de la tecnología global los ha separado con una falla conceptual inquebrantable. Sin embargo, él se siente más identificado que nunca con su hijo, socialmente inadaptado, inmaduro e incomprendido.
“Yo me limité a arrastrar los pies amistosamente por la inmensidad de la habitación y fingir interés por los diversos objetos.
__¿Ocurre algo? –le oí preguntar preocupado-. ¿He hecho algo malo?
__No, no, no, Robby. Claro que no. Estoy admirando la habitación.
__Pero, eh, ¿por qué?
__Tienes… mucha suerte.
__¿Ah, sí?
(…)
me quedé mirando los planetas móviles que colgaban en medio de la habitación, el universo que flotaba bajo el techo acolchado de estrellas. Los satélites en órbita, los cohetes y astronautas, las naves espaciales y rocas lunares Marte y el feroz meteorito con rumbo a la Tierra y la preocupación por los avistamientos extraterrestres y la necesidad de establecer colonias por todo el sistema solar.”
(Pag 120)
16 de mayo de 2008
Bukowski, Lorca y Morente. Lo infantil - visionario.
Bukowski

Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo,
crines de ceniza. Plaza pura y doblada.
Yo.
Mi hueco traspasado con las axilas rotas.
Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.
Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo.Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.
Yo.
Con el hueco blanquísimo de un caballo.
Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.
En el circo del frío sin perfil mutilado.
Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.
Yo.
Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen.Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.
Yo.
No hay siglo nuevo ni luz reciente.
Sólo un caballo azul y una madrugada.

Anexo 3
Mirad. Y esto también.
Tom Waits vs. Elvis Presley


13 de mayo de 2008
Scarlett Johansson vs Christina Ricci
10 de mayo de 2008
Travis.
parís, texas
por qué travis qué hay de esa oscura pregunta.
por qué la casa en ruinas por qué él por qué ella
por qué el verano de mil novecientos setenta y uno
qué tuvo que pasar qué clase de química por qué
la huelga en el sector metalúrgico por qué el atasco
por qué llegaron rendidos y aún así se besaron
como si mi vida les fuera en ello
Anexo 3
¿Sí, señor?
- Menú doble whopper con coca-cola light
- ¿Quiere hacerlo gigante por 50 centavos?
- .... ¿Perdón? Eh.... no, no, está bien, está bien
- Perfecto señor, serán 6,50 señor
- Ss..sí, sí, claro. Aquí tiene.
- Gracias, señor
- ...Disculpa, ¿es ése tu verdadero nombre?
- ¿Perdón?
- Si es ése tu verdadero nombre, el de la chapa, digo.
- Sí, señor.
- ¿Y de qué es la A?
- De Arthur, señor.
- ¿Arthur? ¿Quieres decir que te llamas Arthur Rimbaud?
- Pues sí, señor
- ¿Pero tú sabes quien es Arthur Rimbaud?
- No le entiendo... Yo soy Arthur Rimbaud.... mi padre es Arthur Rimbaud... no sé qué quiere decir.
- Ya, perdona, Rimbaud es un poeta francés muy famoso...
- ¿De veras? No tenía ni idea...
- Pues sí... no tiene importancia... en fin... muchas gracias... por cierto... ¿De dónde eres hijo?
- De París, señor. De París, Texas.
En el blog hoy día apagado de Mariam Shall Die, el administrador subió este texto escrito a partir de una anécdota real de Luis Cauqui, quien se encontró con un camarero llamado Arthur Rimbaud que no sabía quién era Arthur Rimbaud.
Siempre me ha gustado Travis Poemas, y en general la obra de Julián Cañizares. Me interesa de qué manera hace de sus libros un sistema, una presentación de personajes más que la descripción narrativa de una serie de acciones.
En ellos el argumento no es lo fundamental, sino la misma superficie del lenguaje, maleable y plástico. Importa el personaje que habla, que para mayor interés está oculto, que sospechamos es Travis pero a quien no podemos terminar de identificar por falta de pruebas. Presumiendo que sea Travis quien habla en este libro, es ante todo un personaje, una voz comunicadora de ideas. Fundamentalmente es un arte monológico ya que no es primordial el aspecto argumental en tanto que evolutivo: es decir, los actos de la persona importan en tanto representan una idea. Y este desenvolvimiento progresivo del ser del personaje provoca innovación en la materia técnica: poemas lista, series de imágenes que se contaminan connotativamente, algún leve guiño al simbolismo onírico (en SALIDA), recursos gráficos que entrecortan el discurso, como los paréntesis, y algunos ejemplos de metalenguaje, por ejemplo en POESÍA:
en el mundo de la polipoesía se ha visto que el siglo XXI no está perdido,
la monopoesía se retuerce en el desconsuelo, mientras que la tecnopoesía
investiga nuevos sintetizadores y nuevas estrofas electrónicas de desgarradores tiempos (...)
Julián ya avanzaba antes del año 2000 una poética hoy contemporánea: crisis de la representación mimética, emergencia del personaje novelesco como entidad autónoma y desarrollo de técnicas como el stream of consciousness. Pura estilística de la alteridad (ver poema ALTER): pensamiento dialógico y pluriperspectivista para representar el extrañamiento. El autor parece comunicar: yo siento, pero siento también una identidad no-real, soy capaz de bucear en un hipotético yo, un Travis que simboliza decepción, resignación, intervalo, indefinición. Un Travis de teléfono que comunica, radio en ruido blanco, silencios incómodos, autobuses que no llegan, trenes perdidos. Un Travis maduro y nihilista (en NIHILISMO), que no ve futuro ni en tiempo ni en espacio, consciente de la evolución humana desde la civilización grecolatina a la conquista del espacio, que proclama la inutilidad de la Realidad Absoluta.
La voz de estos poemas hace balanza entre lo aprehensible y lo inaprehensible, como hace Harvey Keitel en Smoke, y no encuentra una respuesta satisfactoria (poema XLI), como parecen expresar los últimos versos:
(…) travis la conversación ha terminado con el auricular vacío del absoluto
travis ha sido un placer hablar contigo.
Anexo 6
Tuve el lujo de ser invitada a participar en el último número de la revista Hache, dirigida por Héctor Castilla y Cristina Morano. En él aparecía un lujo de poema de Julián Cañizares que os recomiendo encarecidamente. Otro día hablaremos del asunto visionario-familiar en la poesía, de momento podéis leerlo en revistahache.blogspot.com.
Cada uno de los números de esta revista de Murcia es un libro, de diseño y producción mimados. Así que tengo ganas de ver el próximo, que para los que puedan permitírselo, se presenta el 20 de mayo a las 8 en el Museo de la Ciudad de Murcia. En él están anunciados María Rayo, Ana Vidal Egea, Rodolfo Häsler, María Salvador, Raúl Quinto, Luis Bagué, Vicente Luis Mora, Diego Sánchez Aguilar, Aurora Saura, Lorenzo Oliván o Juan Bonilla.
9 de mayo de 2008
Sinatra vs Clooney
7 de mayo de 2008
Grass, Dickens, Safran Foer, Faulkner, Ramsland, Haddon.
Hacia los 11 años leí El Tambor de Hojalata. Lo leí completo, fascinada y muy confusa. En él un enfermo mental actúa como narrador de su propia infancia, transcurrida en la Segunda preguerra, Guerra y posguerra Mundial. Dicho narrador superpone capas de memoria imaginativa, y relata desde su voz de niño, interpretando serlo en el acto mismo de relatar.
Este doble punto de vista (enfermo mental/ niño) permite al autor múltiples juegos literarios, y provoca un enganche desconcertante, puesto que a la perspectiva subjetiva de un loco se superpone la infantil, que uno no puede más que aceptar. La articulación de la memoria por parte del narrador es dudosa e incompleta, lo que permite a Günter Grass hablar desde recuerdos que han sido imaginados o cuanto menos, transformados por una percepción carente de los conocimientos adultos. El personaje, como el lenguaje mismo, es maleable y engañoso, pero por otro lado refleja sus respuestas frente a los deseos adultos y las normas sociales. Captamos la época, el escenario, el contexto a través de esa extraña voz. Como demente-fingiéndose-niño el narrador va evolucionando al interiorizar la imagen que recibe de las instituciones, y la entrecruza con toda suerte de información que sitúa al mismo nivel, como por ejemplo la tradición oral. Es una representación de la intrahistoria, un relato evolutivo de cómo la mente comienza a configurarse frente a la otredad hostil.
En realidad se trata de un recurso frecuente, usado desde por Dickens (Grandes Esperanzas) a Faulkner (El Ruido y la Furia), Safran Foer (Tan Fuerte, Tan Cerca), pasando también por nuestro querido Ramsland (Cabeza de Perro). Un buen ejemplo de este punto de vista de “extrañamiento infantil” sería también el reciente El Curioso Incidente del Perro a Medianoche, de Mark Haddon.
Todos buenos libros, de los que iremos hablando.
5 de mayo de 2008
Günter vs Grass. Normalización y represión.
El resto del viaje anduvo robando en la mayoría de los establecimientos. Calcetines, camisetas, chapas, papeles de Origami. En el Museo de Arte Moderno de Nueva York hurtó objetos por valor de una cantidad económica desorbitada. Salía caminando con ellos en la mano, o quitaba las alarmas en los lavabos.
Al sentimiento de rabia del timo siguió el de euforia, y tras éste, la culpa. N ideó un plan. Volvió a la tienda del MOMA, compró el libro más caro. Pidió que se lo envolvieran. Y entonces, simuló despistarse y olvidarlo sobre uno de los expositores. Abandonó la tienda sintiendo que su deuda había sido expiada. Con la ciudad, consigo mismo, con el estereotipo internacional del turista español.
La cajera salió tras él cuando cruzó la puerta Se ha dejado esto, Señor.
Uy, gracias, gracias, qué cabeza.
N regresó, y cuando la chica se distrajo lo volvió a abandonar.
La anécdota me hizo gracia; nos hizo pensar en la Gran Culpa de Alemania en este siglo, y allí, bajo los nogales, discutimos sobre lo popular que se ha hecho la teoría del trauma para explicar el arte del XX.
Es curioso que la comunidad mediática internacional juzgase negativamente a Günter Grass por reconocer su participación en la juventudes nazis, tras muchos años callándolo. Probablemente, Grass no previó las consecuencias sino que más bien fue, como todos, arrastrado por la culminación del discurso de la Ilustración. Lo cual no impide que su compromiso crítico con Alemania sea real. Tras su declaración se le demandó una manifestación pública de arrepentimiento, la cual no se sintió obligado a conceder. Tampoco cayó en explicaciones psicoanalíticas sobre el sentido del deber de un muchacho ante su patria. Grass parecía consciente de la “representación total” que fue el nazismo, y mantuvo una actitud que parecía expresar una idea complicada: que demonizar el recuerdo es también en cierto modo sacralizarlo, puesto que la memoria no es única. No se la debe forzar a una forma unitaria a través de una razón totalizadora. Se trata más bien de una serie de fantasías evocativas y voces simultáneas, una pregunta amorfa y constante.
Al verse coaccionado a una ”confesión”, parece que para Grass la culpa se convirtió en un imperativo de la comunidad.
Me imagino a la dependienta del MOMA quedándose después de su hora de trabajo para arreglar el desfase en las cuentas provocado por el sentimiento de culpa de N, dando explicaciones a un jefe que desconfía de ella, perdiendo el tren.
Pregunté a N qué libro era. Casualmente, se trataba de un ejemplar de El Arte Judío.