9 de septiembre de 2008

Wallace Stevens



El muñeco de nieve

One must have a mind of winter
to regard the frost and the boughs
of the pine-trees crusted with snow;

And I have been cold a long time
to behold the junipers shagged with ice,
the spruces rough in the distant glitter

of the January sun; and not to think
of any misery in the sound of wind,
in the sound of a few leaves,
which is the sound of the land
full of the same wind
that is blowing in the same bare place

for the listener who listens in the snow,
and, nothing himself, beholds
nothing that is not here and the nothing that it is.


Uno debe tener una mente de invierno
para contemplar la escarcha y las ramas
de los pinos recubiertas de nieve

Y yo llevo tiempo pasando frío,
mirando la capa de hielo de los enebros
y los abetos, rotundos en el destello de la lejanía
del sol de Enero, sin pensar
en miseria alguna sonando en el viento,
sonando entre unas pocas hojas,

el sonido de la tierra
plena del mismo viento
que sopla siempre sobre este espacio desnudo

para aquel que escucha en la nieve
y, siendo nada él mismo, no contempla
nada que no esté aquí y la nada que sí está.


Este libro me lo regaló Julián Cañizares de su propia biblioteca. Es un libro raro, cuyo barniz de portada se ensucia mucho por la rugosidad del papel, y con algunos poemas en edición bilingüe, pero muchos otros solo en español.

Me gusta mucho este poema, pero la traducción de Heffernan no me satisface, así que he hecho la mía.
Un texto para un día como hoy, fiesta en Madrid, cuando uno tiene el espacio y el tiempo para escuchar la promesa del invierno y observar la nada que está, y la nada ausente.

5 comentarios:

raúl quinto dijo...

poema y traducción cojonudas.

eme dijo...

bueno, ahora que lo he vuelto a leer... he cambiado alguna cosa, pero el poema es cojonudo.

Carlos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos dijo...

En algún momento ya nos recordaste que "entre veinte montes nevados / lo único en movimiento / era el ojo del mirlo".

Quizá sólo al encontrarse las miradas del hombre y del pájaro cristalice la nieve. Y quizá sólo del frío podamos deducir nuestra mirada, nuestro ojo, nuestro cuerpo.

Pero divago. Sabes que comparto contigo el aprecio por el poeta.

eme dijo...

seguro que es así, la nieve es un espacio vacío y catártico. el mirlo nos cataliza. sigue siendo mi poema favorito.

q día tan malo.

 
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