10 de octubre de 2008

¿Fucsia, Rojo o Magenta?



El Incendio Cerise
Antonio Agredano
Plurabelle, Córdoba, 2007, 62 p.

Antonio Agredano nació en 1980. Sus poemas han aparecido en la antología Inéditos (Huerga y Fierro Editores, 2002), de Ignacio Elguero, y en Andalucía poesía joven (Plurabelle, 2004) de Guillermo Ruiz Villagordo. Es miembro del grupo musical Deneuve. Nació en Córdoba. Vive en Córdoba. Y según sus propias palabras, es de barrio.
El Incendio Cerise comienza con una voz dramática que se lamenta al recordar “cuando la ciudad tenía límites precisos”. El resto del texto, ordenado por criterios que traspasan la disposición gráfica pero se ven influidos por ésta, parece describir acumulativamente una ausencia a través del paisaje. Sus sucesivas imágenes exploran los elementos del vacío emocional representados por el entorno físico: el atardecer aburrido desde la terraza de una casa de barrio, la herida luminosa más allá.
Tal como apuntaban las citadas antologías, la poesía parece haberse desplazado hacia ámbitos estética y geográficamente alejados del centro. En este principio de siglo en el que no dominan grupos generacionales ni corrientes estéticas, si no más bien tendencias híbridas procedentes de diversos medios, la única tendencia definitoria parece ser lo extrínseco: Las Afueras, la periferia, el barrio.
Así, El Incendio Cerise describe un intervalo de tiempo de aquel que observa desde los interiores, el cuarto, hacia el exterior. La identidad de la persona va definiéndose a través de la propia extinción (en el amor, en el tedio) en la intersección de esos dos espacios mutuamente contaminados “un fantasma de sombra descansa en el espacio/ que separa lo visto de lo habitado”.
A través del monólogo dramático, se barajan paralelas visiones de lo interno/externo: la anatomía humana superpuesta al aletargado movimiento de automóviles, excavadoras y tráfico en las calles. A una serie de objetos que finalmente aparentan inmovilidad debido a la continuidad rutinaria de su movimiento, imperceptible como el ruido blanco de un televisor sin señal. Incluso el momento del deseo adolescente en ese cuarto, ese lapso entre dos edades y dos comportamientos (“mi juventud dura sólo un día”), es amortiguado.
Entre los diversos niveles de lectura se deslizan breves fogonazos de distantes imágenes de la infancia (“déjame perturbar una vez más el recreo de tu infancia”) que reflejan el deseo de diluir no sólo el paisaje exterior, sino el propio. También la música, otra disciplina artística que controla su autor, late continuamente (“existe esa música/ es lenta y metálica como una gran rueda dentada”) ya sea como representación del paso del tiempo o como referencia vital.
No existe a lo largo de este texto choque entre una voz lógica y una voz irracional, sino que la expresión es simultáneamente real y soñadora, como ocurre en los segundos que preceden al sueño. Su expresión poética no es lineal, sino un variable y errante fluido de brillantes imágenes que nacen unas de otras, produciendo una estructura de cristalización más que una forma preconcebida. En él cohabitan distintos sentimientos en sucesión, sin antagonismo ni enfrentamiento, fluyendo pasivamente para representar el equilibrio lento de la vida rutinaria.

En definitiva, El Incendio Cerise se encuentra en el delicioso terreno intermedio entre centro y barrio, sueño y vigilia, interior y exterior, infancia y madurez, concentración y excentricidad. El incendio no reivindica, no es ruptura, no pelea. Arde independiente. Es la expresión calmada de un espacio que se sabe ambiguo y en crisis. Y por ello cada imagen ha sido exquisitamente ralentizada por una recurrente extrañeza. Antonio Agredano se apoya en el contexto ausente que el lector intenta buscar en las palabras; de lo que resulta un exquisito distanciamiento del mundo que la voz poética no tiene voluntad de remediar. Un proceso que vaga a través del monólogo dramático y la imagen surrealista por la descripción de los ambientes domésticos, el horizonte urbano y una visión del mundo a un tiempo invulnerable al conocimiento humano y susceptible de ser mirado con ojos nuevos, con una sintaxis meditativa, desacelerada y brillante.

3 comentarios:

marco antonio raya. dijo...

es que antonio es mucho antonio.
delicia de crítica, por supuesto.

un abrazo, eme querida.

escuchar bachelorette es recordar tu fuente de luz. :)

txe dijo...

jo, ves tantas cosas...

Anónimo dijo...

Felicidades (creo).

 
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